FakeFaces

FakeFaces, Guillermo Molina

30 julio, 2013

Llevo unos cuantos dias haciendo fotos a paredes blancas
Estoy viendo cómo evolucionan
Cómo la gente las pinta y el ayuntamiento o propietarios las blanquean
Es un juego divertido, el del gato y el ratón
¿Quien se cansará antes?”

El Proyecto Fin de Estudios de Guillermo Molina, FakeFaces, es una contracampaña publicitaria. Se trata de intervenciones urbanas lowcost a base de carteles, pegatinas y stencils sobre anuncios publicitarios, que invitan a la reflexión del espectador urbano sobre el modo de vida que llevamos y nuestro ideal de éxito y belleza.

Nuestra ciudad esta llena, invadida de publicidad en marquesinas de autobuses, paradas de metro, bolsas de plástico, escaparates de tiendas, taxis, luminosos en un décimoprimer piso… Está socialmente aceptado y, además, constituyen un pilar fundamental de nuestra economía, una economía que se basa en el consumismo desmesurado y desproporcionado en el cual la única manera de progreso es el aumento exponencial en el consumo. Las campañas publicitarias se renuevan constantemente, no dan pie a la reflexión ni a la digestión y están orientadas a dirigir nuestras vidas para vendernos un ideal de éxito“.

Contracampañas publicitarias como las de Kaws en Nueva York o la popaganda Ron English muestran de manera ejemplar la manera de utilizar las armas de la publicidad en beneficio del artista. Del mismo modo, FakeFaces interviene en la publicidad situada en la calle de la manera menos violenta y sutil posible, a través de actuaciones mínimas o con un logo reconocible y fácil de camuflar en el entorno. Sólo se llama la atención de los más atentos, una propuesta dirigida a los más acostumbrados a habitar este safari urbano.

FakeFaces

FakeFaces es también un análisis, estudio y documentación de los servicios de limpieza y publicidad de la ciudad de Madrid.

Se nutre de los experimentos realizados por Philip Zimbardo, profesor de Psicología social en la Universidad de Stanford. En 1969 abandonó un coche en las descuidadas calles del Bronx de Nueva York, con las placas de matrícula arrancadas y las puertas abiertas. A los 10 minutos empezaron a robar sus componentes, a los tres días no quedaba nada de valor y el coche estaba destrozado. Zimbardo abandonó otro coche en parecidas condiciones esta vez en un barrio rico de Palo Alto, California. No pasó nada y durante una semana el coche permaneció intacto. Los investigadores decidieron romper una ventana de este último. La respuesta que se desató fue inmediata y exactamente igual a la de Nueva York.

Este experimento realizado por el profesor Philip Zimbardo, fue retomado por George Kelling y Catherine Coles en su libro de criminología y sociología urbana publicado en 1996 “Arrreglando ventanas rotas“ que habla acerca del crimen y las estrategias para contenerlo o eliminarlo de vecindarios urbanos. Fue un manual de referencia en el programa Calles Limpias promovido en Nueva York y Nueva Jersey en la década de los 90 para aumentar la seguridad ciudadana. La teoría de las ventanas rotas se ilustra  a través de la analogía con un edificio con las ventanas rotas. Si un cristal de un edificio que se rompe no es inmediatamente reemplazado, algunos podrían deducir que el edificio está abandonado o en ruinas e irremediablemente, todo el resto de cristales serán rotos porque los delincuentes no le darán ninguna importancia. La ventana rota envía un mensaje: aquí no hay nadie que cuide de esto.

Consideren un edificio con una ventana rota. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas ventanas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio, y si está abandonado, es posible que sea ocupado por ellos o que prendan fuegos adentro”.

James Wilson y Georges Kelling, Broken Windows.

El programa Calles Limpias se inició en 45 ciudades del estado de Nueva Jersey que estaban sumidas en la marginalidad, con descampados insalubres y manzanas con edificios abandonados a su suerte. Durante el tiempo que duró el programa, los policías retomaron las patrullas a pie, se arreglaron solares y fachadas de edificios. La criminalidad no bajó en las estadísticas, pero la sensación de seguridad aumentó en los barrios.

FakeFaces, al igual que analiza y observa la publicidad de la ciudad, también analiza y observa el sistema de limpieza de ésta, en especial el sistema de limpieza de las pintadas en la vía pública. El análisis y la observación de los servicios de limpieza y los servicios que nutren de publicidad a la ciudad sirven para actuar igual que ellos de la manera menos violenta y similar.

Os dejamos con un vídeo de la actuación de Guillermo y unos fragmentos del diario que llevó a cabo durante los días que duraron sus actuaciones.

_”Son las 3 de la tarde y bajo a darle. Un sitiazo que vi ayer, la pared parece un cuadro, está muy limpita. No tengo esperanza de que dure mucho pero le voy a dar. El spot es grande pero mis caras han quedado un poco pequeñas, estoy contento. Una acción a plena luz del día mola mucho. “Cruzo como un día normal, nunca por el paso de peatones. La mochila en el pecho y las pegatas preparadas. Una señora y un tío que viene de currar pasan como si nada, no sé si miran de reojo. Yo a lo mío, ya he pegado las dos caras y me falta la marca. Eso sí, tiro lo sobrante a la papelera como un buen ciudadano. Pasa la madera, pero no pasa nada. Termino mi trabajo y vuelvo a cruzar por donde he venido. Desaparezco.” Las otras cositas que he ido pegando no duran mucho, a ver que pasa con esto“.

_”El anuncio de la cabina también ha sido intervenido, no se quién ni por qué le ha dado rostro a mi fakeface“.

_”Las cabinas están durando bastante, el equipo de limpieza tarda más en actuar. Sus rondas son más extensas“.

_”Han limpiado las cabinas, bueno han hecho su función, tres días cara a la galería. Estoy contento porque la gente ha interactuado“.

_”Paseito con la plantilla desde cuatro caminos al centro. La verdad es que me hice unos cuantos cubos de basura. Uno es marrón y otro amarillo, la tapa naranja del marrón es brillante. Los ponen juntos, hay de varios tamaños, como si fueran matriuscas o una familia al uso. Solo salen de noche, o al caer la tarde, para que no den guerra de día. Esperando su turno se pasan la noche. Al amanecer los meten en casa. Me caen bien estos cubetos“.

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