Christian Fernández Mirón

Entrevista a Christian Fernández Mirón, exalumno y docente de IED Visual Communication Madrid

22 noviembre, 2013

Christian Fernández Mirón, exalumno de IED Visual Communication Madrid, es diseñador, artista y comisario independiente. A veces también hace música bajo el pseudónimo de Sef o pone en marcha propuestas atrevidas desde el colectivo ¡JA!. Este año lo vemos involucrado en diferentes proyectos de la escuela: el pasado mes de octubre impartió dos talleres en la Semana de Workshops y recientemente se acaba de embarcar con los estudiantes de 3º curso en un proyecto para la creación de la imagen gráfica de la próxima edición del festival In-Sonora.

Christian Fernández MirónImagen: @Iván García Fernández

En Suena Brillante, el primero de los workshops que Christian impartió en octubre, se plantearon interesantes propuestas visuales que cuestionaban la relación entre imagen y sonido a través de diferentes técnicas de representación. Las partituras gráficas de Chris Marclay o los paralelismos audiovisuales de Norman McLaren sirvieron como punto de partida para experimentar, representar y componer el sonido a través de la imagen, o la imagen a través del sonido.

El segundo de los workshops, orientado a los alumnos de primer año recién llegados a la escuela, llevó por nombre La Constelación Deseada. Planteado de manera más breve que el anterior, se exploraron los conceptos de intuición, imaginación y azar en el diseño, poniendo en valor las posibilidades de descubrimiento que conlleva lo accidental.

Os dejamos con unas cuantas preguntas que le hemos hecho para conocerle un poco mejor:

Más allá del azar, de la intuición y de la experimentación, ¿con qué arma puede atacar un alumno recién estrenado, qué llega con muchas ganas de aprender pero aún no tiene demasiados conocimientos? 

Agudizar la mirada, analizando cada cosa que ve y que oye, pasándola por sus propios filtros. Desarrollar una mirada crítica y emplearla para compartir observaciones con sus compañeros, mejorando juntos. Esforzarse por articular sus ideas mediante palabras, escritas y habladas (limitarse a lo visual es un fallo habitual en diseñadores). Pero lo esencial es no dejar nunca de investigar: leer, escuchar, explorar, dialogar, jugar, hacer.

Por la trayectoria de tus proyectos, se percibe que son plenamente participativos, ¿crees en la participación por encima de la teoría para formarse en el mundo artístico?

Creo que son compatibles y necesarios, pero tiendo a enfatizar la participación porque siento que está en desventaja frente a la teoría en sistemas convencionales de enseñanza. Algunos dicen que nadie te puede enseñar algo, que tienes que vivirlo por ti mismo. Si eso fuera verdad, por muy participativo que uno pretenda ser la clave está en estimular a los alumnos y que quieran aprender. Esto es necesario tanto en lo teórico como en lo práctico.

Tu perfil artístico es muy amplio, cuando se hacen tantas cosas, ¿se hacen porque te gusta y te entretiene o porque realmente todas ellas se te dan bien?

¡Me gustaría pensar que ambas cosas! Aunque me tomo muy en serio mi trabajo, a veces me surgen inseguridades en torno al refrán “quien mucho abarca, poco aprieta”. Pero intento prepararme e investigar adecuadamente, sin olvidar que mi perfil híbrido es una de mis cualidades, pues me ayuda a ver las cosas de otro modo.

En tu caso, tras un taller, llega el momento de evaluar al alumno, ¿qué se valora más, las ganas o los conocimientos? 

Depende de la actividad, pero cuando un alumno está empezando intento concentrarme en las ganas, motivar y desarrollar la sensibilidad. Con estudiantes avanzados subo el listón y no les llevo tanto de la mano, por así decirlo. Todo docente sabe que lo complicado de un grupo es que nunca es homogéneo: hay que intentar ayudar a todos pero siempre avanzando, sin quedarse atrás por los rezagados. ¡Es todo un reto!

Tras tu paso como alumno por el IED Madrid, ¿qué consejo le darías a los estudiantes actuales de la escuela, especialmente al nuevo curso que se acaba de incoporar?

Que disfruten cada reto y aprovechen los recursos que tienen a su alcance. Que discutan entre ellos, que colaboren en proyectos dentro y fuera de la escuela (que hagan fancines, que escriban canciones, que monten exposiciones y showrooms, lo que sea), que visiten los increíbles lugares que esconde Madrid, que sean exigentes consigo mismos y con la escuela… En otras palabras, que moldeen su formación y conviertan estos años en un hervidero, porque es lo que más les va a ayudar. Un grupo desanimado es una pesadilla pero un grupo con ilusión se alimenta a sí mismo y puede alcanzar la estratosfera. He visto casos mágicos, te pone los pelos de punta. Hay que contagiar y dejarse contagiar por todo lo bueno.

¡Muchas gracias!

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